Capítulo 2. Lista de reproducción

(Si quieres empezar por el principio: Prólogo. Antes de todo).           

 

           La tropa tiene una norma: quien conduce elige la música. Aunque Dani no conduce y a Bobby no le dejan, igualmente, a ellos se les permite elegir música después de cada rotación de conductor. Cuando lo lleva nuestro guitarrista y musicólogo Gael, bajamos de la furgo parpadeando tras un viaje astral y tenemos que sacudirnos el jazz de las solapas como si fuera el polvo del camino. Manu, para ser batería de rock, es bastante aficionado al rap, así que pasa de eso a la música urbana y vuelta a empezar. Mi, hasta ahora, reducido conocimiento de poetas se ha visto exponencialmente amplificado gracias a él. Dani, nuestro amado líder, es una fuente ilimitada de artistas a los que no conocen ni en su casa a la hora de comer. Busca y rebusca en los sellos más modestos, en los carteles de festivales o entre las emisoras de radio locales sus joyitas particulares, sin ningún criterio en particular aparte del hambre infatigable de talento. Nuestro bajista, Bobby, hace que nos queramos suicidar juntos y en armonía, como si fuéramos miembros de una secta tejana, con su colección de punk. Yo tengo una lista para conducir que se llama It porque nunca he sabido cómo calificarla. Es intuitiva, por decir algo, y con muy poco criterio. Tiene variedad de estilo y década, bastantes dosis de comercial y algo de clásicos nostálgicos. Desorden. Caos. Capricho. Como en la vida. Hay una música para cada estado de ánimo y para cada momento del día. Puedo despertarme escuchando rock and roll y acostarme escuchando soul, pero nunca al revés. Conducir me provoca placer y libertad, así que la música va en consonancia. Conecto la lista desde el spoti al equipo y empezamos el viaje. Nuestro destino es el A son o camiño, un festival que se inauguró para celebrar el Año Jacobeo y que esta vez lleva como cabeza de cartel a Iggy Pop. Los chicos son la apuesta nacional más esperada.

            Comienza el viaje con la potencia de Natural de Imagine Dragons, así que nadie protesta. Alguno se la sabe y la tararea. Tras un par de canciones de Ska-P y Rammstein la tropa está bastante tranquila pensando que no tiene que pasar las próximas cuatro horas escuchando reguetón. Luego vienen una de Bon Jovi y otra de Alice Cooper.

            —Una de cal y otra de arena —murmura Dani.

            No sé cuál es la de cal y cuál la de arena. Nunca he sabido la puta diferencia.

            En un delirante anacronismo, Bruno Mars le hace de telonero a Elvis. De momento, todo bien. Hace años que no escuchan al Rey, pero es una sorpresa agradable. Todos llevamos un fan de Elvis dentro, aunque no lo sepamos. Vetusta Moral y su Consejo de sabios nos llevan al mundo onírico mientras el paisaje va cambiando por carreteras gallegas. Pienso que si tienen que caer los imperios como dice la canción, que empiecen por otro lado, porque esto es demasiado bonito. De pronto, la tropa despierta cuando entra Perales y su Velero llamado libertad. A través del espejo retrovisor veo varios respingos. Miradas desconcertadas. Alguna risa nerviosa. Será un fallo de Matrix, piensan. Yo sigo a lo mío. Continúan los Dire, el último riff de Sultan of swing nos hace amigos. ¿Y a quién no? Esa guitarra te reconcilia con el mundo. Uno no lo sabe, pero te pasas la canción esperando ese riff y cuando termina, sientes una tranquilidad que te hace sentir simplemente… bien.

            Luego viene Ray Charles, al que su chica invita a coger la carretera, y entramos en el Cantaloop, (Flip Fantasia), que se gana un gesto aprobador de Bobby. Milagro, parece que hay vida después del metal y nuestro bajista lo sabe. El Back to life de Soul II Soul los descoloca, pero todavía hay aceptación. ¿Quién no lo ha bailado en una discoteca light a los dieciséis? El comienzo de sintetizadores de Ain´t nobody de Chaka Khan inspira a Manu, que se crio con cuatro hermanos mayores y es un forofo de las pelis de los noventa:

            —Nick Nolte entra en el despacho con una camisa hawaiana y un pitillo en la comisura. Se sirve un whisky a pesar de que son las diez de la mañana. Aparece Daryl Hannah embutida en un vestido blanco y un sombrero de ala ancha. «Parece que necesitas ayuda, nena…».

            Sigue un rato relatando su peli imaginaria con voz de locutor trasnochado hasta que Bobby lo calla porque aparece Offspring instándonos a buscar un trabajo. Sin más, como a traición, entra la batería de That thing you do!, un One-Hit Wonder creado especialmente para una película que trata sobre un grupo que tuvo, eso, un solo éxito. Una historia llena de ironía sobre sueños que acaban antes de empezar. Entonces comienzo a escuchar lloros atrás. Temo que sea como en una guardería, inicia uno y los demás se contagian convirtiendo la furgoneta en un sindiós. Cuando suena Vicente Fernández cantando a México, Manu, moviendo los labios y con un dedo en la sien, le pregunta a Dani: «¿Esquizofrénica?». Dani sacude la cabeza con resignación. Llega la Fiesta pagana y todos alzan el puño y se ponen a corear como en una verbena. Va seguido del Ain´t your Mama de JLo, que a mí me hace sentir empoderada, pero con la que me gano un insulto. Creo que de Bobby, lo averiguaré. Vuelven a corear con Carrie, pero ahora con algo de vergüenza porque unos buenos metaleros siempre se avergüenzan un poquito de ser fans de Europe. Entonces, llega la combinación extrema: Quién de Pablo Alborán, Cheap Thrill de Sia (versión versus Sean Paul), Carry on de Manowar, The River de Springsteen, Personal Jesus (versión Marilyn Manson) y Shape of you de Ed Sheeran. El cóctel es demasiado y, ahora sí, se desata el caos. Gael, que va de copiloto a mi lado guarda un reflexivo silencio, pero los tres del asiento trasero se revuelven como la niña de El Exorcista y gritan improperios en arameo.

            —¡Qué puta locura es esta!

            —¿Es que quieres que nos volemos la sesera con tanto sube y baja?

            —Yo no me embarqué para esto.

            Me mantengo incólume. Estoy acostumbrada a la incomprensión porque a mí el caos siempre me ha desestresado. Como dijo el Rey: «La música nunca puede ser mala, digan lo que digan del rock and roll». Bobby se inclina hacia delante mesándose los cabellos y exclama:

            —¿Pero a ti qué te pasa en la cabeza, tía? ¿Tu madre comía tripis?

            Dani opina circunspecto que se me debería quitar la cuenta de spoti, que no tengo criterio para tener una. Mientras, a mi lado, Gael está tarareando Jolene que suena en ese momento, pero no la versión de Dolly Parton, si no la de su ahijada, Miley Cyrus. En un momento dado, se gira hacia la turba y dice:

            —En realidad, tíos, tiene su lógica.

            Se callan un momento. Están acostumbrados a prestar atención a Gael como si fuera un profe de universidad.

            —Si abres la mente y evitas el terreno pedregoso de los prejuicios, todas las canciones tienen algo… Algo… Aún no sé qué es, pero tiene lógica. Tiene algo que ver con las emociones. Sí, eso es. Ninguna es aburrida. Vosotros dejaos llevar y disfrutad de la arbitrariedad.

            Lo miro de reojo y asiento.

            —Bueno, excepto lo de Meat Loaf —añade girando la cabeza hacia mí—. Lo siento, nena. Esa mierda es indefendible.

            Gael es la referencia de teoría musical de la tropa. Aparte de la guitarra, toca el piano y el saxo. Posee vastos conocimientos mamados en las Big Bands de Londres. Su grado en Ciencias e Historia de la Música, más sus estudios en la Rock School de Barcelona y máster en musicología de Berkeley lo convierten en un admirado erudito para el grupo. Tiene un oído absoluto, lo que le permite localizar una nota en el instrumento nada más oírla. Impartió clases de Jazz y Música Moderna en el Liceu de Barcelona durante diez años hasta que el grupo empezó a tener éxito. Es él quien compone la música o le da textura y profundidad a la canción después de que Dani le haya dado sus letras, sus ideas o las líneas melódicas. Otras veces él pone la música y Dani escribe la letra. Los arreglos son cosa de los cuatro de forma democrática. Luego producen de nuevo entre los dos, aunque siempre con la batuta de Dani para el estilo general y Gael para los detalles técnicos. Él sabe lo que se trae entre manos. Aunque Bobby tenga el grado superior de contrabajo, Dani toque el piano de forma autodidacta y Manu haya estudiado batería en el London Centre of Contemporary Music, Gael es el profe.

            Así que se instala un silencio de incertidumbre. Si Gael dice que abran las orejas, habrá caras mosqueadas pero orejas abiertas. Al cabo de un rato veo por el retrovisor a Dani moviendo los labios inconscientemente: «So, rockabye, baby, rockabye».

            Supongo que todavía queda algo de esperanza en este grupito de esnobs musicales.

 

            Seguid por aquí, nos vemos en la próxima parada: el infierno.

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