Capítulo 6. ¿Te he contado…?

            … cómo conocí a Dani? —dice Gael.

            Es una tarde lluviosa en la meseta septentrional y los chicos me entretienen contándome historias. La de cómo nuestro profe conoció a Dani no la conocía. Bobby y Manu sí, pero se quedan a oírla de nuevo. De vez en cuando, les gusta recordar que su líder tiene debilidades. Dani está de cara al ventanal y gira ligeramente la cabeza mostrando un perfil romano. Una sonrisa se dibuja en su rostro.

            Unos diez años atrás, el azar les puso a los dos delante de la misma chica, Carey, una cantante que empezaba a despuntar en el mundo indie adicta a los tranquilizantes. Gael la había conocido hacía poco y la acompañaba como guitarrista por los festivales y en las grabaciones en el estudio que ella tenía en su casa. Por su parte, Dani había contactado con ella porque le gustaban sus covers de YouTube y quería pedirle una colaboración. En aquella época, Dani cantaba en una banda de versiones de Muse y coqueteaba con la idea de formar su propia banda. Ya casi tenía perfilada la forma de un disco en su cabeza y en su cuaderno. Una de las canciones que tenía compuesta le estaba dando problemas porque no conseguía llevarla a donde él quería y se le había metido en la cabeza que esa chica era justo lo que necesitaba. Era bastante absurdo no tener ni siquiera una banda y querer grabar canciones, pero, para Dani, hacer las cosas en el orden lógico no era una prioridad. Carey se entusiasmó con la canción y empezaron a trabajar en ella.

            Así que uno por otro se colaron de la misma yonqui casi a la vez. Cuando Carey los presentó, dijo: «Gael, te presento a Dani, un jodido poeta. Dani, éste es Gael, el mejor músico que te vas a encontrar en tu vida». Se miraron, se midieron y supieron que los dos bebían los mismos vientos. Pero como los artistas son así, en poco tiempo se estableció entre ellos una camaradería basada en la pasión, no por esas piernas infinitas, sino por lo que, en realidad, importaba: la música. Dani se quedó impresionado con los vastos conocimientos musicales de Gael…

            —Mira, tú, qué modesto —apunta Dani desde el ventanal.

            —¿Quién está contando la historia? —dice Gael—. Pues a callar, coño.

            … y el guitarrista, a su vez, se quedó impresionado con las letras y la voz de Dani. Así que allí estaban los dos, impresionados el uno con el otro y trajinándose a la misma chica. Esto lo sabían los dos. Carey llevaba desde el principio acostándose de vez en cuando con Gael sin que ninguno de los dos iniciara algo más serio; después empezó a verse con Dani. Finalmente, la grabación de la canción llegó a su fin y Dani quiso algo más. Se había colgado un poco…

            —Hasta las trancas —murmura nuestro pequeño dictador desde su ventana.

            … de la cantante, que no le decía que no, pero tampoco daba el paso hacia algo más. Y así estaba él, en compás de espera. Mientras tanto, Dani y Gael, después de la buena conexión que habían tenido en la grabación, comenzaron a trabajar juntos. Lo que Dani había estado componiendo hasta entonces adquirió una nueva dimensión con la música de Gael. Las primeras canciones empezaron a tomar forma y se entusiasmaron. Bobby hacía unos años que se había ido de la casa de los padres de Dani a su propio estudio, pero seguían pasando casi todo el día juntos. Tenía su propio grupito de colgados de Megadeth. Costaba mucho mantenerlos a todos sobrios, así que no terminaba de despuntar. Así que Dani le propuso unirse a ellos y los tres juntos decidieron que era hora de tomarse las cosas en serio. Pusieron un anuncio para buscar un batería al que se presentó un opositor a bombero. Formaron su banda, Ubuntu, palabra africana para definir el concepto de hermandad y lealtad. Al cabo de seis meses, ya tenían un repertorio ensayado de forma aceptable y empezaron el periplo por baretos y garitos de colegas. Cuando el batería aprobó las oposiciones y los dejó, Dani se trajo a Manu. Tenían amigos comunes que llevaban un tiempo diciéndole que tenía que conocer a Manu, un batería alucinante recién llegado de Londres, metódico y vibrante. Nuestro líder lo vio tocar y supo de inmediato que lo quería con ellos. El batería los había seguido por el circuito local, así que conocía su estilo. Estuvo encantado de incorporarse. Gael, Bobby y Dani habían creado una conexión perfecta a la que Manu se acopló como si llevara ahí desde siempre. Cambiaron el nombre por el de Sonder y el resto es historia. Primer disco, gira, éxito arrollador, otro disco…

            —¿Pero qué pasó con la yonqui? —pregunto.

            —Ah, es verdad —sonríe Gael—. Carey. Bueno, eso fue justo antes de empezar a grabar el primer disco…

            Carey se fue metiendo más y más en el mundo del Valium, Orzipal y demás familia feliz. Empezaba a ser un problema serio, pero Dani no se daba cuenta porque estaba totalmente cegado por el aire de artista fatal de la cantante. Siempre tuvo afán por los desvalidos. Gael, por su parte, sabía que no iría en serio con ella en esas circunstancias. El guitarra y el cantante empezaban a ser amigos y a Gael ya no le gustaba la situación. Así que decidió dar un paso atrás.

            —¿Qué hiciste? —pregunto intrigada.

            —Le dije a Carey que no me iba el rollo que se traía con las pastillas y que se buscara otro guitarrista.

            Lo que en realidad le estaba diciendo era que no se iban a acostar más. La chica se lo tomó muy mal porque ella de quien estaba colgada era de nuestro escocés. Empezó a acosarlo y a montarle escándalos a la mínima oportunidad. Dani asistía impotente a este círculo amoroso del que él era partícipe sin saber qué hacer. Carey estaba con Dani, pero iba a ver a Gael; le rogaba, trataba de seducirlo, lo insultaba y, al final, se derrumbaba. Gael se mantenía incólume. Después, ella volvía a los brazos de Dani buscando un consuelo que los dejaba a los dos hechos polvo. Era insostenible. Dani quería que lo suyo funcionara, pero no sabía cómo.

            Ante el silencio reflexivo del escocés, pregunto:

            —¿Y qué pasó?

            Bobby y Manu miran a Dani, que se gira, apoya los antebrazos en las rodillas y continúa la narración.

            —Pasó que el profe me salvó del desastre.

            Para entender el resto de la historia hay que saber que Dani es un tío bastante intenso. Cuando se enamora, no entiende de barcos. Ya le pueden utilizar, manipular o lastimar que él seguirá estando ahí hasta que el corazón se le parta en dos. Por mucho que Carey pasara de la euforia a la depresión por culpa de los barbitúricos, por mucho que lo utilizara para dar celos a Gael, o por mucho que lo provocara para que rompiera con ella, él siempre volvía a por más. No en balde, su primer éxito fue Quiero más de esto. Os podéis imaginar de qué. De masocas está el mundo lleno. El caso es que el grupo ya era una realidad y la cabeza de Dani, un puto caos. Carey lo iba a terminar destrozando, así que Gael decidió tomar cartas en el asunto. Una tarde lo sentó y le dijo: «Esto te va a joder».

            Dani se pasa la mano por el pelo.

            —Y vaya si me jodió.

            Gael compartía piso con un amigo y una tarde volvió a casa cuando éste, claramente, no se lo esperaba. Se suponía que tenía que estar en Salamanca en un concierto de Trombone Shorty, el músico de Nueva Orleans, pero era un festival al aire libre y se había cancelado por la lluvia. Así que abrió la puerta y se encontró a su colega desnudo en el sofá con una rubia encima igual de desnuda. Empezaba a disculparse cuando se dio cuenta de que la rubia le resultaba familiar. Entonces ella giró la cabeza y Gael descubrió que era Carey. Se fue de allí antes de que nadie dijera nada. Aunque sabía que el numerito iba destinado a él, le daba igual a quién se tirase ella. Pero a cierto poeta no. Sopesó los pros y los contras y decidió que era mejor quitarle la venda de los ojos. Cuando se lo contó, Dani se lo tomó fatal. Primero, lo llamó mentiroso y después, cuando ella le confirmó que era verdad, lo acusó de malmeter. Gael aguantó el chaparrón de forma estoica y esperó a que Dani, al que ya considerara su amigo, entrara en razón. La continuidad del grupo estuvo en el aire un tiempo. Finalmente, Dani se enfrentó a Carey y le dio un ultimátum: o se tomaba lo suyo en serio o habían terminado. La chica todavía tuvo el arrojo de decirle que ella era indomable y que jamás le había prometido nada. «Si quieres cuidar de alguien, búscate un perro». Esa última humillación (no la peor, sino la última) fue la que hizo que Dani, al fin, abriera los ojos. Nunca sabemos qué hará que los abramos, pero llega el momento y se acaban las excusas. En el fondo, él también sabía que no merecía la pena tirar por la borda el grupo, que ya se despuntaba como algo en camino de ser grande. Se despidió de Carey para siempre, tiró sus fotos y sus cartas y pidió disculpas a Gael. El guitarrista se alegró de dejar todo atrás y de que no les separara la misma razón que los unió.

            Ahora sí, el resto es historia. Y, por cierto, esa colaboración nunca vio la luz. Es un recuerdo que Dani desempolva y escucha de vez en cuando para recordar lo que puede llegar a doler el amor.

           —Vaya, vaya, vaya —canturreo recostándome en el sofá—, así que resulta que nuestro pequeño dictador de mirada irresistible no tiene nada que hacer frente a los encantos del escocés.

            Dani se cubre los ojos con la mano.

            —¿Con eso te has quedado, tronca?

            Me encojo de hombros.

            —Qué quieres, chico. Es bueno saber que tienes competencia.

            Seguimos en la brecha, nos vemos en la próxima parada: el infierno.

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