• Hija de los ochenta y, por tanto, nostálgica.
  • Predicadora de la libertad de pensamiento.
  • De corazón analógico.
  • Con tendencia a la misantropía pero positiva hasta rozar lo patológico.
  • Defensora de tomarse las cosas a cachondeo, hasta las que duelen.

          No necesitas saber nada más porque tengo cosas que contarte.

       

  Aunque, si quieres saber más…

        

    Sólo tengo una religión y es el poder de la palabra. En libros, en discos y en labios de personas extraordinarias. A veces, enseñan. Otras, entretienen. Y, de vez en cuando, son vehículo para adentrarnos en el interior del alma.

           La visión más relajante para mí es una librería. El mejor regalo que recuerdo es una estantería Billy por mi cumpleaños donde por fin pude poner todos mis libros a la vista. Sólo tengo ejemplares de bolsillo porque, si leer es como respirar, cuanto más pequeña sea la bombona de oxígeno, mejor.

            Si me pides que me defina en un estilo, me pondrás en un aprieto. Bécquer me hizo amar la literatura, Stephen King me enseñó a escribir y Marian Keys me demostró que todo esto puede ser divertido. Al igual que de pie ante la cartelera de cine, jamás discrimino por género. Sólo trato de hacer eco y que te agites. Si se produce el acto de comunicación, habré hecho mi trabajo.

            No hay currículum. No sé cómo he llegado hasta aquí ni a dónde voy porque, como dijo Omar Khayyam, nuestra única posesión es el instante.