Hija de los ochenta y, por tanto, nostálgica.

         Predicadora de la libertad de pensamiento.

         Analógica.

         Defensora de tomarse las cosas a risa, hasta las que duelen. Especialmente, las que duelen.

         Creo en el poder de la palabra. En libros, en discos y en labios de personas especiales. En ocasiones, son el vehículo para adentrarnos en el interior de las cosas.

           Sólo tengo libros de bolsillo porque, si leer es como respirar, cuanto más pequeña sea la bombona de oxígeno, mejor.

            Si me pides que me defina en un estilo, me pondrás en un aprieto. Al igual que de pie ante la cartelera de cine, jamás discrimino por género. Sólo trato de hacer eco. Si se produce el acto de comunicación, habré hecho mi trabajo.

            No hay currículum. No sé cómo he llegado hasta aquí ni a dónde voy porque, como dijo Omar Khayyam, nuestra única posesión es el instante