Prólogo. Antes de todo

         Todo lo que vais a leer aquí es mentira.
         Menos lo que es verdad.

 

PRÓLOGO

 

            Los conocí antes de todo.

            Formaban una banda llamada Sonder. Dani, Gael, Bobby y Manu. Cantante, guitarra, bajista y batería. Fue cuando viajaban en una furgoneta Volkswagen Transporter del año 99 color azul bebé. Tenía doscientos cincuenta mil kilómetros y era la cosa más fiable que he conducido. Ese color tan entrañable se lo puso su dueño anterior, el tío de Gael, un escocés que dejó su tierra natal para deambular por la costa española. Los chicos le quitaron la camperización pero mantuvieron el color por sentimentalismo. En la guantera había un disco de Willie Nelson que escuchábamos una y otra vez. A día de hoy, todavía se me escapa una sonrisa cuando oigo Ride me back home.

 

 

SLIDER_Cronicas de una gira

            La época que pasé con ellos atravesando el país fue antes del contrato con la Warner y mucho antes de los Grammy. En aquel entonces ya llenaban salas de conciertos; ahora, llenan estadios. Los recuerdo tomando una cerveza apostados en la barra de algún bar sin saber en qué ciudad estábamos, riendo como sólo pueden hacerlo los que no tienen nada que perder. Tiempo atrás dejaron sus trabajos y apostaron todo lo que había en la mesa a una carta. Esa carta era Dani, el gran líder, el pequeño dictador. Todos ellos tenían una fe ciega en la mente preclara del cantante y él se la devolvió con un éxito tras otro. Gael ya no daba clases de música en el conservatorio, Manu abandonó el negocio de fabricación de armarios, Bobby dejó de deambular de bar en bar poniendo copas y el propio Dani ya no vendió más camisetas en el Zara del Equinoccio. Sólo eran un puñado de músicos con un sueño. Como tantos otros. Como ninguno de ellos.

            Me crucé con ellos en un momento en el que me encontraba perdida. Me había pasado algo que nunca creí posible: no tenía ganas de escribir sobre música. Sin saber cómo ni porqué, había perdido la pasión. Ellos lo cambiaron todo. Ellos y su música. Ahora, cuando nuestros caminos se cruzan, nos ponemos al día y añoramos una época más libre. Engañamos a la nostalgia recordando batallitas. Miramos las fotos de aquellos tiempos y evocamos todas las cosas que vivimos como si fuera la primera vez. Puedo recrear el sonido exacto de las miles de personas que los ovacionaron en el final de gira del WiZink o sentir el calor de los focos en el Arenal; puedo oler los churros con chocolate que nos valían de homenaje al terminar una noche memorable y ver el color exacto de un amanecer en la playa de Ribadesella.

            Los conocí antes de todo. Los amé. Nunca olvidaré aquellos tiempos.

            Pero empecemos por el principio…

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