ENJOY THE SILENCE

O “El poder de la soledad”

            Inciso: Antes de presentar la canción que normalmente me sirve de introducción al tema, quería hacer un prólogo sobre la razón de estos artículos. Surgieron de la necesidad de contestar a las preguntas que nacen en un momento dado en mi cerebro, se instalan ahí y comienzan a taladrar como un niño en los viajes de cinco horas a la playa. Esas preguntas no me dejan en paz hasta que les doy forma de escritura. A medida que me documento y escribo, me voy respondiendo yo sola. La mayoría de las veces, me sorprendo llegando a raíces que  ni sabía que existían cuando empecé. Siempre concluyo y publico el artículo con la sensación de conocerme un poco más y de haber desarrollado la empatía. Pero el caso es que sobre el tema de hoy, ya tengo una opinión formada. La soledad es algo con lo que vengo lidiando y tratando de comprender toda la vida, desde bien pequeña cuando la profe le dijo a mi madre que algunas veces jugaba sola en el patio. Mi madre, medio preocupada, medio sabiendo (porque me conocía) me preguntó si las niñas no querían jugar conmigo. Por lo visto yo respondí, como la cosa más natural, que era yo la que no quería jugar con ellas. No era que no tuviera amigas. Era que había días en los que necesitaba estar sola. Amo la soledad y la comprendo. Y ella, a cambio, me cuida. Esta vez, escribo desde el conocimiento y con una idea preconcebida y, por eso mismo, me temo que será el más personal de todos. Escribir tiene ese poder arcano que me conecta con la parte más recóndita de mis pulsiones, así que nunca se sabe. Este artículo no es una apología de la soledad; es un hilo sobre la incomprensión acerca de ella del que tiro sin saber a dónde me lleva. Vamos allá.

             Martin Gore, verdadero líder de Depeche Mode, compuso esta canción en forma de balada (utilizando únicamente un armonio y su voz) inspirándose en los silencios que hay entre nota y nota. Esas pausas son las que marcan la melodía de una canción. También son las que marcan el ritmo de nuestras vidas. Después, le añadió frases inconexas para darle un fondo y la presentó a la banda. Alan Wilder, cuarto miembro, propuso aumentar la velocidad con un ritmo dance. Gore se aferró a su creación (aquí podéis ver la idea original) tanto como pudo pero, finalmente, tuvo que claudicar al entender él también, que estaban ante un éxito sin precedentes. El tiempo les dio la razón. Aunque Enjoy de Silence no habla de nada (y, por eso mismo, habla de todo), la búsqueda de la soledad es patente. El cantante Dave Gaham la persigue infatigable en el vídeo del artista gráfico Anton Corbijn y podemos sentir a pesar del ritmo, como la balada tétrica que en realidad es, lo impregna todo. Esta canción me ha acompañado toda mi vida. He paladeado ese «Words are very unnecessary» una y otra vez porque también irrumpen con estruendo en mi pequeño mundo. Las preguntas que me hago hoy son: ¿Es diferente estar solo que sentirse solo? ¿La introversión y la soledad están relacionadas? ¿Están ambas penadas?

            Hay personas que miran hacia fuera buscando estímulos, vivencias, comunicación o conexión. Otros, miran hacia dentro; les interesa el interior del alma. Los que buscan dentro pueden llegar a convertirse en misántropos porque terminan despreciando la sociedad como ente abstracto despojado de ese alma que estudian y analizan. El funcionamiento de la psique y su repercusión en los sentimientos me ha fascinado siempre. Poco me importa saber cuál fue el primer registro fósil de la Historia, pero me apasionan las características de un psicópata integrado, por ejemplo. Supongo que por eso soy escritora. Es una de las mejores formas de adentrarse en el interior del alma y fisgonear un poco. En esta búsqueda me encuentro a menudo con cierta incomprensión con el que busca la soledad, sin saber que puede ser un bien necesario para ciertos tipos de personalidad. En los años veinte, Jung fue el primero en dividir a las personas entre introvertidos y extrovertidos. A pesar de que las teorías del psiquiatra suizo han podido quedar obsoletas, la psicología ha seguido profundizando en esta premisa. La medicina también. Los neurólogos han descubierto la principal diferencia entre unos y otros: la forma de obtener su energía. El extrovertido necesita de la interacción para sentirse enérgico mientras que, a los introvertidos, esa interacción les desgasta. Esto tiene que ver con la dopamina, hormona encargada de los procesos de asociación, aprendizaje y bienestar, y el cortisol, hormona que segregamos en períodos de estrés. El extrovertido segrega dopamina en presencia de estímulos externos porque representan un aliciente. Por el contrario, esos estímulos, lejos de ser un aliciente, representan un problema para el introvertido, que tiene que hacer acopio de una gran cantidad de energía segregando cortisol, hormona del estrés, para que su cerebro procese dicho problema hasta que éste desaparece. Cuando un extrovertido pasa tiempo sin relacionarse se va marchitando y apagando. Si, de pronto, suena el teléfono, responden con un alegre: «¿Diga?». En el lado contrario, el introvertido que ha pasado un tiempo socializando queda completamente agotado y necesita retirarse a su rincón para recargar las pilas. El mundo que nos rodea parece estar hecho, a priori, para gente extrovertida. Desde la publicidad de viajes y experiencias hasta las reuniones de trabajo. Incluso para desarrollar una labor artística se pide ser activo en RRSS (breve inciso para destacar que Twitter parece un buen refugio de introvertidos, que suelen apreciar más la comunicación parapetada tras las palabras que mostrarse en imágenes). Los introvertidos, a menudo, pueden parecer antisociales, tímidos o, directamente, prepotentes. Y no es que carezcan de habilidades sociales necesariamente, es que las desarrollan de forma diferente, con ritmos más pausados y en menor cantidad, fijando el foco más que los extrovertidos, que tienden a ampliar el círculo. Desde esta perspectiva, es más fácil comprender por qué la soledad no sólo no es reprochable, sino que es beneficiosa (e incluso necesaria) para este tipo de personas.

            Cuando se censura o, lo que es peor, se compadece la soledad caemos en el error de dar por hecho que ésta es siempre obligada o impuesta por las circunstancias. Aquí vamos a diferenciar la soledad del aislamiento. La soledad no buscada puede ser un problema grave llegando a afectar a la salud mental y física a largo plazo. En un estudio de la Universidad de Harvard, la Dra. Nacy Donovan encontró una relación entre el sentimiento de soledad y la acumulación de amiloides en el cerebro, principal síntoma del alzhéimer. No olvidemos tampoco que una persona rodeada de gente puede sentirse sola. En algunos casos, puede derivar en trastornos de ansiedad o depresión. Dentro de esta soledad impuesta, el autor Robert Weiss estableció la diferencia entre soledad social, que es un sentimiento de marginalidad por no sentirse aceptado, y la soledad emocional, relacionada con el anhelo de compartir tu vida con otra persona (un gran ejemplo de ésta última sería la película de Spike Jonze «Her»). Esos tipos de sentimientos son consecuencia de nuestra propia percepción de las relaciones y las necesidades de cada uno, no de la soledad en sí misma. El aislamiento voluntario, en cambio, no tiene connotaciones negativas. A parte de las razones ya mencionadas sobre las personas introvertidas, el aislamiento puede traer otros beneficios. Nietzsche (que murió terriblemente solo dentro de su mente por culpa de la sífilis) medía el valor de cada individuo por la cantidad de soledad que pudiera soportar. Defendía el aislamiento como exigencia para desarrollar los pensamientos. Plasmó el poder curativo y redentor de la soledad en su trasunto Zaratrusta, que permaneció en la montaña durante diez años y, una vez adquirido conocimiento, tuvo la necesidad de bajar para mezclarse con el pueblo. La soledad tiene, necesariamente, el contrapunto de la búsqueda de compañía. La diferencia es la cantidad de soledad que uno pueda soportar. Alimentar la mente en el silencio se antoja no sólo útil, sino casi necesario en un tiempo en el que todo va a toda leche. «El ruido mata los pensamientos», afirmó el filósofo. Esas pausas de las que habla la canción de Martin Gore, en mayor o menor medida, ayudan a asentar el espíritu y calmar la mente.

            Hay personas que son capaces de hacernos la vida más soportable pero a algunos nos resulta complicado encontrar a aquellas que compensen la desventaja de dejar nuestra preciada soledad. Pero el fin último de alimentarse a uno mismo es retroalimentar a los demás, así que la soledad puede verse como un viaje de ida y vuelta. Una vez leí en ese pozo de sabiduría y basura a partes iguales que es Twitter: «El mundo sigue sin gustarme, pero la vida me parece irresistible». Representa mi persistente idea de que el alma humana (la vida de cada uno) es apasionante, aunque no así el entorno en el que la vive. La soledad puede, en algunos casos, acercarnos más a eso que tenemos en nuestro interior y que es irresistible. Sonder, palabra inventada por el diseñador Koenig y que viene a significar: «La percepción de que cada persona tiene una vida tan compleja e importante como la tuya», resume, tal y como empecé esta reflexión, que todo se reduce a la empatía. Sin ella nunca entenderemos al solitario, lo compadeceremos y trataremos de remediar su mal cuando éste ni siquiera existe. Así que sí, es diferente estar solo que sentirse solo. La solead es tan perjudicial para una persona necesitada de compañía como la ausencia de la misma para alguien que quiere estar solo. Podemos sentirnos más o menos solos, podemos percibirlo como un estado pasajero o permanente, podemos amarlo o evitarlo. Cada uno se enfrenta a la soledad como la siente y en eso nadie tiene que opinar.

            Sólo estoy segura de una cosa y es que es necesario disfrutar del…

2 comentarios en “ENJOY THE SILENCE”

  1. Qué importante es el silencio, tanto el exterior como el interior. Y este último se consigue estando en armonia con uno mismo, aceptando y disfrutando la soledad buscada.

    ¿Tú también querrías tener el trabajo de Joaquín Phoenix en “Her”?

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